Personajes: SEBASTIÁN, el marido, VICTORIA, la mujer, ISABELA, la hija
Sala de estar y comedor de casa con muebles contemporáneos; la casa está decorada con colores rojo, negro y blanco. Todo está limpio y en su lugar, no parece que viviera ahí ISABELLA, una niña de seis años, si no fuera por las fotografías de familia colocadas en diferentes áreas del hogar. VICTORIA e ISABELLA están esperando en la sala que llegue SEBASTIÁN para cenar. Mientras esperan, VICTORIA le enseña buenos modales a su hija. SEBASTIÁN llega exhausto y frustrado de buscar trabajo.
VICTORIA: Hola corazón ¿cómo te fue?
SEBASTIÁN: Otro día y nada de nada. (Se sienta.) Ya no puedo más. (Con coraje y alta voz.) 10 años invertidos en esa empresa, y no me sirvieron para nada. No encuentro trabajo. ¿Qué no les importan mis diez años de experiencia? todos los empleos requieren ¡licenciatura, licenciatura, y yo que no tengo licenciatura!
VICTORIA: Amor, cálmate por favor. Vamos a platicar y encontrar una solución. Isa, retírate a tu recámara mientras yo platico con tu papi, por favor. (ISABELA se retira muy obedientemente.)
SEBASTIÁN: ¿Otra vez a platicar?¿Ahora de qué quieres platicar, mujer?
VICTORIA: Sebastián, (pausa) tú sabes que yo te apoyo en todo y respeto tus decisiones. Pero, creo que ya es tiempo de mencionarte que le he pedido ayuda a mi padre. (SEBASTIÁN tiene expresión de indignación.) No te molestes, Sebastián. Con mi licenciatura, se le hizo fácil a mi padre ofrecerme un buen puesto en su empresa.
SEBASTIÁN: Pero ¿cómo se te ocurre, Victoria? ¿Qué pensará tu padre de mí? ¿Que no soy lo suficientemente capacitado para sostener a mi familia? ¡No, no trabajarás! Me opongo rotundamente. Tu lugar está aquí con la niña.
VICTORIA: ¿La niña? ¿La niña? Esa (enfatizando) niña también es tu hija. Hija que ni siquiera conoces por no dedicarle tiempo. No seas egoísta Sebastián. Ya llevas dos meses sin encontrar empleo; las facturas se siguen acumulando y los ahorros se están agotando. Deja el orgullo a un lado y reconoce que necesitamos ayuda.
SEBASTIÁN: Pero si tú empiezas a trabajar, ¿cómo le vamos a hacer con la niña, y con la casa?
VICTORIA: Se llama Isabela, Sebastián, y lo que va a pasar es que tú te encargarás de ella y la casa. No creo que se te haga tan difícil convivir con tu hija y medio recoger la casa. Solo será temporalmente. Ya cuando encuentres trabajo, volveremos a la normalidad. Ya no te estoy preguntado, Sebastián, te lo estoy exigiendo. (SEBASTIÁN, sorprendido por la actitud de su mujer, queda sin palabras. VICTORIA sigue hablando, con autoridad.) Mañana empiezo; mi horario será de 9 a 6. Cuidarás a Isabela durante las vacaciones primaverales. Te hice un itinerario para que no batalles. (Tiernamente.) Qué bonita oportunidad que vas a tener toda una semana para acercarte a tu hija.
(Atenuar las luces. Ya ha pasado una semana entera desde que VICTORIA empezó a trabajar. Se encienden las luces. SEBASTIÁN e ISABELA en casa esperando que llegue VICTORIA. La casa está hecha un desastre; SEBASTIÁN intenta limpiar el desorden mientras ISABELA sigue desordenando. VICTORIA llega alegre con comida italiana. Cuando ve la revolución que está sucediendo en su casa, se asombra.)
VICTORIA: Hola amor, ya llegué. Pero por Dios, ¿qué tornado pasó por aquí?
SEBASTIÁN: Isabela pasó por aquí. Aun no entiendo cómo lo haces tú.
VICTORIA: Pero Sebastián, ¡pensé que tenías todo bajo control! ¿Qué pasó? ¡Al principio de la semana todo parecía estar bien!
SEBASTIÁN: No quería que te dieras cuenta lo difícil que se me ha hecho mantener la casa y lidiar con Isabela. Es casi imposible. No sé cuánto tiempo más pueda soportar esta situación; ¡ni te imaginas por todo lo que he pasado!
VICTORIA: Por favor, cuéntame, ¿qué te ha pasado?
SEBASTIÁN: Todo empezó el lunes, cuando desperté a Isa, de acuerdo con tu itinerario.
(Atenuar las luces. Regresamos a lunes para recordar lo que sucedió. Encender las luces. SEBASTIÁN despierta a ISABELA, y se dirigen al comedor. ISABELA y SEBASTIÁN no tienen una relación sustancial y se tratan como desconocidos.)
ISABELA: Tengo hambre.
SEBASTIÁN: ¿Hambre?
ISABELA: Mi mami siempre me da de comer en la mañana.
SEBASTIÁN: Uh…bueno. Deja te busco algo. (Sale a buscarle de comer. Regresa con una bolsa de papas fritas.) Ten. A ti te gusta de esto ¿verdad?
ISABELA: (Con una sonrisa traviesa.) Sí, papi, me gusta mucho. Pero y ¿de tomar? Tengo mucha sed. Necesito una coca.
SEBASTIÁN: ¿Una coca? Bien. (Empieza por salir, luego pausa. Se queda pensativo.) ¿Tu mamá te deja tomar coca por la mañana?
ISABELA: (Con pucheros en la cara.)Sabía que tú eras malo. Mi mamá nunca me hace esperar. Ella siempre me da algo de comer y tomar en las mañanas.
SEBASTIÁN: (Para que no llore ISABELA.) Está bien Isabela, ten. (Sale por la coca y regresa.) Aquí está tu coca.
ISABELA: (Tomando la bebida en mano.) Me llamo Isa.
(ISABELA
alegremente devora la comida chatarra. Atenuar las luces. Volvemos al presente a la conversación de SEBASTIÁN Y VICTORIA. Encender las luces.)
SEBASTIÁN: No sabes lo difícil que es controlar a tu hija. No paraba de brincar de un mueble a otro o de tirar las almohadas al piso. Pensé que se iba a fracturar un hueso de tanto escándalo. Hasta la apodé <<el terremoto>>.
VICTORIA: ¡Guau! Sebastián estoy impresionada de la forma en que nuestra hija te tomó el pelo. Eso sí que lo aprendió de su mamá. ¿Cómo se te ocurre darle comida chatarra y una bebida con tanta azúcar a una niña al amanecer? ¿Qué pensabas que iba a pasar?
SEBASTIÁN: No sé Victoria. Estaba por empezar a chillar si no le daba lo que quería. ¿Qué más podía hacer? Ese día, no pude descansar hasta que se tomó una siesta un poco antes de que llegaras. Créeme que no cometí el mismo error el día siguiente. Tuve todo bajo control hasta el miércoles. Ese fue el día que me di cuenta que ya no tenía calzoncillos limpios y que iba a tener que lavar la ropa. Ya que iba a hacer eso pensé, ¿por qué no preparar la cena también para impresionarte?
(Atenuar las luces. Regresamos a miércoles. Encender las luces. SEBASTIÁN, en la cocina, tiene puesto un delantal y está cortando unas papas mientras se cocina algo en la estufa y en el horno. Mientras tanto, ISABEL entra y sale de la sala, cada vez trayendo juguetes y haciendo un revoltijo. SEBASTIÁN parece contento y está chiflando y canturreando por la cocina mientras trabaja.)
SEBASTIÁN: (Soliloquio.) Esto no es tan difícil. No sé porque se queja tanto Victoria. Claro que <<el terremoto>> es una fuerza a tener en cuenta, pero así como con cualquier desastre natural, sólo hay que dejar que siga su curso natural y luego recuperar. (Mirando hacia ISABELA.) Le doy una media hora más hasta que se le acabe la pila. (Sonriendo.) Si no fuera tan aburrido, creo que me podría acostumbrar a esta vida de ocio. (SEBASTIÁN olfatea y se da cuenta que se está desbordando el agua de la vasija en la estufa. Apaga la estufa y apenas va a limpiar cuando del horno empieza a salir nubes de humo. Abre la puerta del horno a un pequeño fuego y en un pánico agarra un bote de agua que tiene disponible y lo apaga. Entra ISABELA.)
ISABELA: ¡Papi, papi! ¡Tengo un lago en mi cuarto! ¡Y hay cocodrilos y un monstro! ¿Quieres ver? (SEBASTAIAN solamente la mira con una mirada espantada.) Papi, ¿por qué hay humo? Papi, ¿se está quemando la casa? No te preocupas papi. Yo tengo mucha agua en mi lago. (Sale ISABELA. SEBASTIÁN tira a la basura los restos de su cena desgraciada y limpia la cocina. ISABELA regresa mojada y con una cubeta de agua jabonosa, la cual echa hacia el horno.)
SEBASTIÁN: (Más sorprendido que enojado.) ¡Hija! ¿Pero de dónde sacaste toda esa agua?
ISABELA: Te dije, papi, hay un lago en mi cuarto. Y también en la sala. No había un lago en la sala, sólo en mi cuarto, pero ahora sí hay uno en la sala.
SEBASTIÁN: (Corre hacia la sala y la encuentra inundada con agua espumosa.) ¡Carrajo! ¡La lavadora! ¡Se desbordó! ¡Se desbordó la lavadora! (Lo sigue repitiendo mientras sale. Atenuar las luces. Volvemos al presente a la conversación de SEBASTIÁN Y VICTORIA. Encender las luces.)
VICTORIA: ¿Cómo lograste limpiar todo sin que me diera cuenta?
SEBASTIÁN: No te quise preocupar para que no supieras que gasté, pero le tuve que hablar al Dalworth Cleaning…tú sabes…esos que limpian las alfombras…(A VICTORIA le hace gracia). Pero eso no es todo Victoria. Deja te cuento lo que pasó hoy cuando me hablaron para una entrevista.
VICTORIA: ¿Tuviste entrevista?
SEBASTIÁN: Si le puedes llamar una entrevista…
(Atenuar las luces. Regresamos a este viernes por la mañana. Encender las luces. SEBASTIÁN está solo en la sala leyendo el periódico, buscando la página de empleos. El teléfono suena.)
SEBASTIÁN: (Recogiéndolo) ¡Bueno!...Sí señor González, él habla…Oh, ¿alguien canceló la cita hoy y tiene un espacio disponible para mí?...Claro que sí, ¿a qué hora me puede ver?... (Sorprendido) ¿Una hora? (Vacilantemente) Muy bien, me parece perfecto. Ahí estaré sin falta. (Con cara de preocupación. Aparte) ¿Y ahora qué voy a hacer con esta niña? (Se para y camina de un lado del cuarto a otro con mirada pensativa y hablando entre sí.) Me la voy a tener que llevar. (Llamándole) ¡Isa! ¡Hija ven acá!
ISABELA: (ISABELA entra) Sí papi.
SEBASTIÁN: Vamos a hacer un mandado.
ISABELA: ¿Adónde vamos?
SEBASTIÁN: Voy a hablar con un señor que posiblemente me ofrezca trabajo. Cuando lleguemos, necesito que te portes MUY bien y que te quedes quieta mientras yo platico con el señor González.
ISABELA: ¿Quién es el señor González?
SEBASTIÁN: Bueno eso no importa. Sólo quiero que hagas todo lo que yo te diga.
ISABLEA: ¿Y me vas a dar un premio?
SEBASTIÁN: (Con cara de frustración) Sí hija, te voy a dar un premio.
ISABELA: ¿Y qué me vas a dar?
SEBASTIÁN: ¡Por Dios Isabela! ¿Puedes dejar de hacer preguntas?
ISABELA: (Solloza) ¿Estás enojado conmigo?
SEBASTIÁN: No, no. No estoy enojada contigo. Sólo que tengo muy poco tiempo para alistarme y no puedo contestar todas tus preguntas.
ISABELA: ¿Me vas a peinar para verme bonita?
SEBASTIÁN: Pero así te vez bonita.
ISABELA: Pero mi mami siempre me baña y me peina y tú no lo haces.
SEBASTIÁN: Mira, cuando termine con este mandado, puedo hacer todo lo que tú quieras, pero ahora tenemos que apurarnos.
(Atenuar las luces. Volvemos al presente. Encender las luces.)
VICTORIA: Con razón está tan arreglada Isa. La tuviste que sobornar para que se comportara. ¿Y sí lo hizo?
SEBASTIÁN: Si supieras el escándalo que armo en la oficina del señor. Para empezar, llegue casi veinte minutos tarde. Él se compadeció de mí y cedió a entrevistarme porque vio que la niña estaba conmigo. Durante la primera mitad de la entrevista, Isa se comportó muy bien donde me esperaba en la sala de espera.
VICTORIA: ¿Cómo la dejaste sola ahí esperándote?
SEBASTIÁN: No, no se la encargue a la recepcionista. Total, ya casi terminaba de entrevistar cuando de pronto escuchamos un estrépito que vino del otro lado de la puerta. Corrimos a ver qué pasaba, y encontramos a Isa entre los trozos del logotipo de la empresa. Cuando le pregunté qué había sucedido, lo único que me pudo responder fue, <<Tengo que hacer pipi>>.
VICTORIA: Dios mío, que barbaridad. Mi hija no se comporta de esa manera. Parce como si estuvieras hablando de otra niña. Hay que castigarla.
SEBASTIÁN: No Victoria. Está bien. Al señor se le hizo tan gracioso que me ofreció el puesto en ese mismo instante. Quedé en hablarle el lunes por la tarde para confirmar. Quería platicar contigo al respecto.
VICTORIA: ¡Felicidades! Me parece muy bien Sebastián. ¿Te parece si dejamos esa conversación para más tarde? Isabela debe de tener hambre y a mí también me gustaría cenar algo. (SEBASTIÁN muy quitado de la pena acepta y se prepara para cenar) Ah, antes de que se me olvide, podrías hacerme el favor de pasar a depositar el cheque por la mañana. (VICTORIA saca el cheque de su bolso y se lo da a SEBASTIÁN).
SEBASTIÁN: Claro que sí. (Al ver la cantidad del cheque SEBASTIÁN queda anonadado y voltea a ver a VICTORIA) Pero Victoria, ¿Qué es esto?
VICTORIA: (Serenamente. Ella ya había anticipado la reacción de Sebastián) Es mi quincena. Isa, vente a cenar corazón.
ISABELA: Si, mami. (SEBASTIÁN, VICTORIA e ISABELA se encuentran sentados en el comedor, listos para cenar)
SEBASTIÁN: (Después de haber visto el cheque de Victoria, cambia de opinión sobre regresar a trabajar) Victoria, después de haber visto tu quincena creo que lo mejor será que tu sigas trabajando y yo quedarme en casa; así lograre entender y podré acercarme más a nuestra hija. ¿Aceptarías? (ISABELA con su cara de inocente viendo la reacción de su mamá y VICTORIA con una sonrisa le contesta placenteramente)
VICTORIA: ¡Claro que aceptaría Sebastián!