En <<El etnógrafo>> el narrador nos cuenta el caso de Fred Murdock quien pasa por un cambio de perspectiva de la vida cuando menos lo espera. Al principio de la historia, el narrador nos describe el tipo de persona que es Murdock. Él es un hombre ordinario que no pone en duda su tren de vida ni las instituciones que lo gobiernan. Cuando su profesor lo aconseja que vaya a vivir entre un tribu indígena para después publicar sobre el tema de sus ritos esotéricos, él lo acepta sin vacilar. Murdock se esfuerza por meses para convertirse a alguien como las indígenas, para ganar la confianza de ellas. Sabe que esa es la única manera en el que le entregarán el privilegio de tomar parte en cualquier rito secreto. De acuerdo con su plan, cuando al fin se lo revelan, deja la pradera y regresa a la ciudad. De vuelta en casa, Murdock se reúne con su profesor y lo informa de que ya no quiere redactar sobre la doctrina secreta que le impartieron. A la confusión del profesor, Murdock le explica que después de todo que vivió durante su poco tiempo en la pradera, ya no ve igual a la política de la ciudad y no le parece publicar sobre el tema. Con <<frialdad>> el profesor acepta las noticias decepcionantes y a partir de ese momento Fred Murdock se dedica a ser bibliotecario.
Este cuento corto pone en perspectiva que la vida que conocemos no es la única manera de vivir. Frecuentemente juzgamos a otras culturas con ojos del etnocentrismo—la creencia que la cultura o etnicidad de uno es superior a los de más. Muchas veces cuando vemos costumbres de otras culturas, en vez de tratar de entender lo desconocido, cerramos nuestras mentes y pensamos que solo porque no entendemos las costumbres, no tienen relevancia; o en el caso de las indígenas, tal vez a la primera vista piense la gente que son salvajes atrasados y pobres con vidas míseras. Pero como se dio cuenta Fred Murdock, lo que a ellas les falta de nuestros servicios y comodidades lo compensan con abundancia en tradiciones, comunidad y tranquilidad de espíritu. Pensamos que porque otros no tienen carros o iPod, que deben de estar infelices; pero tal vez no tengan necesidad ni desean esas cosas materiales. Las tribus no son gobernadas por su economía, sino la economía les sirve a ellas. Es decir, ellas no se identifican por sus roles dentro de la economía. Si le preguntaras a un conocido ¿a qué te dedicas? quizá te responderán soy doctor o soy contadora. Pero si le preguntaras lo mismo a un miembro de la tribu, tal vez te responderán me dedico a ser un papa o soy una abuela. Ellos solo trabajan por lo que necesitan para vivir, y el resto del tiempo les queda para convivir. Se puede decir que de esa manera, no son pobres ni míseras.
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